Rissig Licha

6 Aug 2014. MIAMI—Argentina no tiene con qué pagar su deuda. Puerto Rico tampoco. Chile busca allegar más fondos con qué pagar la prometida gratuidad de la educación. Las cuentas del Estado no cierran. Sobran egresos faltan ingresos y pocos están presos por el fruto de la corrupción que ingresa en las cuentas particulares de funcionarios producto del inmisericorde saqueo de las arcas públicas. Urge buscar más recursos. Por ello, llegó la hora de comercializar la marca presidencial en todas sus expresiones.

Algunos rechazarán de plano tal malversación. A otros, la idea de comercializar la presidencia, ha de parecerle una idea cantinflesca más. Los cínicos dirán que pruebas abundan que ya, en muchos países, la presidencia ha sido vendida al mejor postor. Los pesimistas, con algún grado de razón, indicarán que se debe tomar en cuenta que hoy todas las marcas presidenciales están devaluadas y que cualquier esfuerzo de comercialización ha de producir poca lana.

Mas esta propuesta no es descabellada. Es seria y transparente. Y no requiere grandes esfuerzos mercadológicos pues persigue aprovechar lo que ya existe. El proyecto de comercialización debe de iniciarse con el Palacio Nacional. Veamos cómo convertir cada palacio en una fuente de ingresos:

El Palacio de la Zarzuela en Madrid. Centro de distribución y comercialización de música bajo la marca Z.

El Palacio de Miraflores de Caracas. Mercado de flores con el sello MiFlor bajo el mando de Nicolás Maduro y atendido por Cilia Flores.

La Casa de Pizarro en Lima. Centro de acopio y venta de útiles escolares con la etiqueta Pizarrón.

La Fortaleza de San Juan de Puerto Rico. Laboratorio de productos farmacéuticos marca F para los que padezcan de disfunción eréctil.

La Casa Rosada en Buenos Aires. Almacén de lencerías y piezas íntimas con el sello KaRosa y con una campaña publicitaria musicalizada con la épica grabación de La Vie en Rose de Edith Piaf.

La Casa Blanca en Washington. Centro de productos textiles para el hogar comercializados bajo la marca CASABLANCA y empleando a Humphrey Bogart como vocero de su publicidad.

El Palacio de Nariño en Bogotá. Cadena de guarderías infantiles marca N.

La Moneda en Santiago de Chile. Casa de canje de divisas con el distintivo comercial MO.

Los Pinos en Ciudad de México. Guardería infantil para el cuido de los nuevos PINOS.

El Palacio Quemado en La Paz. Dulcería especializada en cremas catalanas y otros confites con el sello Q.

Esa muestra de lo que se puede hacer con diez palacios demuestra que no se requieren grandes estudios ni mayores reflexiones para comenzar a mercadear la marca presidencial. Hoy comenzamos con los palacios nacionales. El próximo gran proyecto que queda por delante es el de potenciar la marca presidencial al máximo para así poder contar con mayores recursos que puedan financiar la megalomanía y los excesos de muchos sin afectar aún mas el bolsillo de todos.

Por ello, no se asusten ni espanten cuando aparezcan en sus vecindarios, en la televisión y, hasta en la Red, otras campañas de comercialización de la presidencia como la que se rumora aprestan algunos para usufrutuar las cadenas nacionales. Su aparición marcará la llegada de las rentas que tanta falta hacen para evitar la seducción de tantos gobiernos a recurrir a los fondos buitres para hacerle frente a las deficiencias fiscales y a las corruptelas oficiales que hoy afectan a tantos. En ese momento escucharemos a viva voz y, con gran transparencia, un diáfano mensaje: ¡Venta oficial! La presidencia en venta. Y, por primera vez se estaría vendiendo la presidencia sin tapujos ni subterfugios y, sobre todo, para y por el bien popular.